Explosión de Gurús

Leo cada vez más posts sobre el auge de cursos y gurús de timo en internet. Lo sufro en primera persona porque soy coach ejecutivo desde hace mucho tiempo y siempre he visto a mucha gente mucho peor que yo ganando mucho más dinero que yo. ¿Por qué funciona algo tan falso?

1. El entretenimiento vende más que el crecimiento

Los pobres desesperados que gastan cientos o miles de euros en un curso de internet lleno de promesas improbables no están solos. En la industria de la formación empresarial hay una cantidad ingente de formaciones, cursos y eventos que no sirven para absolutamente nada. Sobretodo en temas de liderazgo y habilidades directivas.

Yo siempre he dicho que había dos tipos de formadores o conferenciantes: unos hacen entretenimiento y otros hacen crecimiento. Los primeros tienen un cuento bonito muy bien montado. Cuentan siempre el mismo cuento en el mismo orden con los mismos chistes, porque es más una actuación de película que algo auténtico. Y lo tienen trabajadísimo a costa de repetirlo para el mismo tipo de públicos una y otra vez.

Estos especialistas en entretenimiento pueden ser médicos con un lenguaje lleno de términos científicos muy inteligentes, o atletas y deportistas que han encontrado en las charlas a empresa una línea de ingresos necesaria para vivir después del deporte. O también supervivientes de tragedias que utilizan las fotos y vídeos de su tragedia para pagar sus facturas durante décadas.

Las empresas compran esto porque les garantiza buenas evaluaciones. La gran mayoría de los asistentes disfrutan del cuento bonito y salen con una sensación alegre, inspirada o impactada como si hubiesen ido al teatro. Recursos Humanos queda fenomenal, todos salen contentos, y aquí no ha cambiado nada, pero ¿a quién le importa?

Otro motivo por el que las empresas contratan a estos piquitos de oro profesionales es porque sus ejecutivos en realidad no quieren que nadie les cuestione, les remueva o los recuerde los problemas invisibles que llevan mucho tiempo sin resolver. Entonces el seminario de “formación” se adorna con hoteles lujosos, comidas opíparas y experiencias emocionantes … cuanto más dinero haya disponible, más impresionante es el programa.

Desde que empecé a trabajar en esta industria en 2004 he hablado con cientos de empresas que sólo querían pasar un buen rato en los carts de Carlos Sáinz, en la versión económica, o que fletaban aviones para llevar a todos sus ejecutivos a cazar al ártico en su versión ultra lujosa. Y claro, a mí no me han contratado.

Cuando yo me pongo delante de un grupo, sea en un aula, o sea en la sierra de Gredos donde los hemos llevado, les hemos quitado el móvil y les hemos dado un cuaderno, empieza una experiencia incómoda sin la cual no hay cambio, no hay aprendizaje y no hay crecimiento.

Cuento los mismos mensajes muchas veces, pero nunca en el mismo orden, ni de la misma manera ni con los mismos ejemplos, porque el camino de comprensión de cada ejecutivo y de cada equipo es completamente diferente. Para mí lo divertido está precisamente en intuir por dónde tengo que llevarlos para que puedan seguirme sin desconectarse o perder el hilo.

2. Es más rentable mentir

Yo me arruiné estrepitosamente en 2009. Había vendido mi casa para montar una consultora de boutique que vendiese coaching y formación en habilidades directivas. Había levantado capital privado y lo había apostado todo a una aventura que se iba cayendo más rápido de lo que yo era capaz de construir.

Hubo muchísimos motivos por los que mi empresa no funcionó, pero entre ellos está esta respuesta que me oí a mí misma repetir cientos o miles de veces en los cinco años anteriores: “lo que tú quieres comprar va a ser un gasto de tu dinero y de mi tiempo, y yo no te lo recomiendo”.

Lo sigo diciendo ahora, pero ya no tengo la estructura que tenía entonces, y es más fácil decirlo. Demasiados consultores, formadores, y expertos varios hacen cosas en las que no creen todos los días para pagar las facturas. Cuanto más necesitas para funcionar, más dispuesto estás a vender cosas que no sirven para nada.

A veces sigo repitiendo respuestas como estas aunque no sepa cómo voy a pagar los recibos que me entran en la cuenta al día siguiente. Procuro llevar una vida sencilla para seguir siendo coherente y no vender nada que no compraría yo, pero es verdad que a veces las paso canutas.

Samir Nabulsi era el director comercial en Sol Meliá en el año 2000 cuando yo era una de las decenas de consultores trabajando en proyectos con ellos. Me lo encontré por casualidad años más tarde y fue súper amable conmigo. ¡Me dijo que él sabía que yo le era más leal a él que a mis jefes! Quizás esto explique por qué acabé saliendo de la consultoría de altos vuelos.

En todas las profesiones es más rentable mentir, jugar el juego y disimular que decir la verdad. Decir la verdad sale caro y es mucho más difícil.

3. La delgada línea entre experto y líder de una secta

Lo más difícil para un coach o un terapeuta es colocarse bien con respecto a sus clientes. El 99% de los coaches, terapeutas y otros asesores se coloca mal. Cuanto peor se coloca, menos valor aporta y más sangre le chupa a sus clientes.

La colocación adecuada es de igual a igual. Yo no sé más que tú sobre tu vida. Sé mucho sobre los aspectos que yo domino, pero tu vida es el resultado de muchas otras variables de las que yo no sé absolutamente nada.

Además aquí quien arriesga realmente es el cliente. Dar consejos sale gratis porque si el aconsejado se arruina tras seguir mis indicaciones, mi cuenta sigue intacta. Yo no pierdo dinero por que mi cliente no consiga los resultados que perseguía. Tampoco pago el pato si le explota todo en la cara.

Pero la tentación de todo experto es hacer de papá o de mamá. Hay uno en linkedin que se define a sí mismo como “experto en gestionar éxito”. Me da la risa cada vez que veo esta expresión. Hay que ser tonto para creer que uno puede crear y gestionar el éxito de otro. Si ya es dificilísimo encauzar y controlar las vidas de nuestros hijos carnales cuando llegan a mayores, imaginaos la hercúlea tarea de controlar el comportamiento y las decisiones de otro adulto sin motivación alguna para hacerme caso más que su necesidad.

El 99% de los coaches, formadores y expertos sobrevaloran su capacidad de impacto sobre las vidas de sus clientes. Se atribuyen más peso del que realmente tienen en los logros de sus clientes y luego los culpan de no haber seguido bien las instrucciones cuando fracasan. Así tienen un argumento de venta inagotable en el tiempo: págame otra vez para aprender más y hacerlo mejor la próxima vez.

El extremo de este tipo de paternalismo tan rentable son las sectas, como demuestra el sorprendente ejemplo reciente de Keith Raniere, condenado recientemente a una larga sentencia en prisión por los abusos cometidos en su organización NXIUM. Cada vez que alguien cuestionaba a este individuo él encontraba la manera de echarles la culpa a ellos: les faltaba fé, o les faltaba compromiso, o no hacían suficiente esfuerzo. El documental “The Vow” impresiona.

Cuanto más arriba se coloca el experto, y más abajo coloca a su cliente, más necesidad empuja a este último a seguir creyendo en su líder paternalista a pesar de que no se cumpla ninguno de sus pronósticos y promesas. Más está dispuesto a pagar por conseguir el sueño deseado, sea con dinero o con el consentimiento a participar en prácticas denigrantes e incluso arriesgadas para su bienestar personal.

Un experto o formador tiene que hacer mucho crecimiento personal para aprender a colocarse de igual a igual con sus clientes. La tentación al paternalismo es instintiva y se ve alimentada por las sensaciones agradables de sentirse valorado, admirado e incluso necesitado. Aunque hacer de madre o padre de nuestros clientes nos genere mucha más presión y nos pueda quitar el sueño por las noches.

Así se entiende la capacidad de atracción que tienen estas figuras de experto improbable en internet, especialmente en momentos de crisis como estos: nos brindan la oportunidad de volver a convertirnos en niños, y sentir que un padre o una madre van a protegernos de nuestros problemas. Cuánta gente pagaría lo que fuese por volver a esas sensaciones agradables y despreocupadas de la infancia.

Los “manifestantes” son, pues, el resultado.

Así se entiende la explosión de charlatanes que denunciaba este artículo en el confidencial y que tanto comentamos todos últimamente. Es la digitalización de la necesidad. Como la gente no puede salir a trabajar, se ponen a buscar soluciones en internet, y cuanto más desesperados estén, más dispuestos a pagar lo que sea a quien les prometa resolver sus problemas.

El artículo dice que “manifesting” es uno de los términos más buscados en Google. Aún recuerdo la vez que una clienta agradecida me regaló una copia del libro “El secreto” en el 2009. Casi me caigo de la silla del disgusto, puesto que ese bestseller internacional me indignaba profundamente entonces. Pues es la biblia del manifesting, para quien quiera ir a buscar al responsable de semejante engaño.

Según todos los nuevos gurús de la New Age, uno puede aprovechar el secreto, que es una ley de atracción oscuramente repartida entre unos pocos sabios forradísimos de la antigüedad, para lograr todo lo que quieran si lo atraen con suficiente intensidad. Si no lo consiguen es porque no están atrayéndolo bien, y por ello deben comprar otro curso o sesión de coaching con el gurú que les va a enseñar cómo hacerlo bien de verdad.

Así que juntemos todos estos ingredientes y queda claro por qué estamos inundados de publicidad engañosa desde todos los ángulos. La gente prefiere comprar entretenimiento a enfrentar la incomodidad del crecimiento, es más rentable lanzar promesas que cumplirlas, y es más rentable aún erigirse en padre todopoderoso de almas desesperadas en tiempos del coronavirus.

Publicado por pinobethencourt

Leadership & Personal Growth since 2004.

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