¿Estás oxigenando a tu empresa?

Todos tenemos claro que sin oxigeno no podemos vivir. Sabemos que la mejor forma de relajarnos y  centrarnos en cualquier situación es respirar grande y suave. Entonces  ¿Por qué no lo hacemos para nuestra empresa?

La empresa ES un organismo vivo. Tiene alma, aunque nuestras mentes racionales no lo crean. Es una especie de conciencia colectiva, como una nube invisible flotando sobre nuestras cabezas. Esa nube contiene todas las emociones y sensaciones de todos los integrantes de la organización  sin importar la distancia geográfica entre ellos.

Es lo que llamamos ambiente, clima laboral, o cultura. Es ese algo intangible que se respira cuando entras en sus oficinas. Lo sientes en la piel y en los huesos aunque no prestes atención a esas sensaciones ni llegues a ponerlo en palabras.

las culturas y las plantas, las grandes olvidadas

Y este anima etérea se parece mucho a las plantas que decoran sus despachos. Cuando nadie las riega se ablandan y desploman lentamente. Basta echarles un vaso de agua en la maceta para que, pasado un ratito, se yergan impetuosamente hacia arriba de nuevo. Reviven enseguida.

Las culturas (y probablemente muchas plantas) de nuestras organizaciones son las grandes olvidadas de esta nueva normalidad. Nos hemos ido a teletrabajar y ya nadie se acuerda de regar las plantas ni oxigenar nuestro ambiente de equipo o familia laboral.

Tampoco éramos muy buenos en esto de oxigenar a la empresa antes de la pandemia. La pobre malvivía con los desayunos en la cafetería, las reuniones diarias, los corros en los pasillos. El roce físico y presencial de vernos, oírnos -¡y olernos!- nos mantenía conectados y expuestos al ambiente laboral. Lo alimentábamos con nuestra presencia y al mismo tiempo nos nutría o devolvía la vibración colectiva del conjunto.

Eran lentejas. Las comía o las dejaba la pobre. Pocas empresas invertían tiempo y recursos en oxigenarla y cuidarla de verdad. Ahora menos.

Oxigenar la empresa es hacer fluir sus emociones

¿En qué consiste oxigenar a la empresa? En hacerla respirar. Al respirar todo se mueve y se reaviva como un fuego. Al respirar fluyen las emociones y los sentimientos entre unos y otros.

Una persona respira moviendo la caja torácica. Induce así la relajación porque todo lo que se había quedado tieso y estanco vuelve a moverse y ablandarse. Mejora su percepción de sus propias sensaciones y sentimientos porque ahora vibran o resuenan con el movimiento. Recupera fluidez, flexibilidad, y, a veces, ¡hasta ganas de bailar!

Una organización respira estimulando la comunicación entre su gente. Cuanto más sentimiento y verdad hay en esa comunicación, más oxígeno, más relajación, más ganas de comerse el mundo. Cada vez que sus empleados conectan emocionalmente sobre algo, se genera complicidad, espíritu de equipo, alegría de compartir y lealtad. Se cimentan las raíces de lealtad y apego que mantienen a nuestros equipos implicados en el propósito de la empresa.

el teletrabajo olvida compartir el sentimiento

Lo que antes se generaba más o menos espontáneamente porque todos estábamos físicamente en el mismo edificio se ha detenido durante el confinamiento y la nueva era del tele-trabajo. Porque no es suficiente con llamarnos y resolver tres problemas seguidos rápidamente antes de colgar el teléfono. En esto no hay apenas sentimiento.

El oxígeno es el sentimiento que se mueve y se comparte. En el cara a cara las emociones fluyen a través de las miradas, los gestos, los tonos de voz. Vemos claramente la diferencia entre los andares ilusionados y cantarines de nuestro jefe al llegar por la mañana con respecto al paso lento, cansado y decepcionado que trae tras fracasar frente a un cliente.

Ahora no lo vemos. Algo intuimos en la frecuencia de sus emails. En los espacios entre las palabras de sus whatsapps, su empleo de emoticonos, y su participación en las reuniones por zoom. Y es verdad que nuestros cuerpos y mentes inconscientes se acostumbrarán en unos meses a interpretar con más fiabilidad el lenguaje no verbal que nos llega filtrado por tanta pantalla.

Pero el tele-trabajo nos lleva reducir los intercambios y comunicaciones a lo puramente esencial. Los silencios compartidos se pierden. Ya no hay tiempo para cotilleos o charlas sobre el partido de anoche. El perro ladra, el niño irrumpe con un problema de matemáticas a resolver. Ya solo nos escribimos o hablamos para sacar adelante tareas y proyectos. Comunicamos. Pero no oxigenamos.

Más que nunca nuestras empresas necesitan un esfuerzo deliberado y proactivo por abrir espacios de puesta en común de nuestros sentimientos. Hacen falta reuniones convocadas específicamente para compartir cómo nos sentimos, qué nos preocupa, y dónde vemos posibles ilusiones de futuro.

Sesiones con CanalCEO: respiradores de empresa

Con CanalCEO empezamos en julio unas sesiones sobre coaching por zoom. Una hora un martes a las cuatro de la tarde en la que todos nos conectamos para hablar de los retos que enfrentamos cada día. Se conecta quien quiere y puede, sin presión. En lugar de ponerme a hablar de un tema durante veinte minutos como si fuese una ponencia, lo que buscamos es que los participantes pongan sus inquietudes sobre la mesa.

aumenta la motivación

Hemos comprobado que aumenta la motivación de quienes se conectan. Al acabar se sienten más conectados con otras personas que también tienen dudas, momentos de dificultad y anécdotas complicadas. La soledad del tele-trabajador se transforma en pertenencia a un grupo de personas en su misma situación.

nuevos recursos y técnicas de coaching

Aportamos recursos y técnicas concretas para enfrentar los problemas que se van planteando durante la sesión. A veces hacemos una relajación o visualización guiada de unos pocos minutos. A menudo cito ejemplos concretos de clientes que resolvieron conflictos en sus equipos, o mejoraron su motivación. Discutimos cómo lo hicieron, hasta qué punto funciona una técnica y cuando se queda corta.

más lealtad y pertenencia

Se crea un núcleo fiel de personas que se conectan con regularidad. Empezamos a reconocernos entre nosotros. Se crea un nuevo espíritu de equipo que puede llevar a los participantes a buscarse entre sí para seguir compartiendo y colaborando durante la semana. Estos espacios están tan centrados en compartir la realidad y la sensación que abren puertas, crean vínculos, tejiendo nuevas lealtades.

más libertad y responsabilidad

Generamos expresamente un espacio de respeto de la confidencialidad y la intimidad de todo el que se conecta. Quien quiera intervenir con cámara es bienvenido, pero quien prefiera no compartir su imagen y ceñirse al chat también es aceptado sin juicios ni comparaciones. En un espacio de puesta en común nadie puede hacerlo mal. No hay juicios ni competencia. Solo aceptación. Así crece la sensación de libertad, y con ella, la responsabilidad de protegerla.

más foco en el corazón

Por supuesto moderamos cuidadosamente las intervenciones para garantizar que el espacio oxigena, relaja y restaura al grupo en lugar de angustiarlo. Moderamos todas las intervenciones para que sean respetuosas con los demás, pero sobre todo para que vengan del corazón. No queremos juicios de valor ni teorías idealizadas. Queremos que cada uno hable desde su sentimiento, su experiencia y su vivencia.

Embajadores y animadores dan vida al espacio

Hemos aprendido con la práctica. Es esencial que la organización esté implicada con el espacio para que funcione. Necesita embajadores y animadores que recuerden a todos los empleados la existencia y los beneficios de este recurso. Ayuda mucho implicar a los referentes en las sesiones mediante entrevistas dirigidas no a favorecer intereses de nadie, sino a dar ejemplo. Cuando los altos directivos de la empresa comparten su lado emocional validan el espacio y dan confianza y consuelo a quienes están estresados y presionados.

Este tipo de espacios de puesta en común son más necesarios que nunca en nuestras organizaciones. Cuanto más sufren los efectos de la pandemia y los confinamientos, más emociones intensas hace falta expresar y relajar. Somos animales mamíferos, no lo olvidemos. Sentirnos escuchados y apoyados por la manada laboral a la que pertenecemos nos nutre y nos da fuerza para enfrentar lo que sea.

oxigenemos a la empresa para que coja fuerza

Aún no ha pasado lo peor. Las empresas que no se oxigenen serán presas más fáciles para la devastación provocada por el virus y la crisis económica. Necesitamos nutrir y reforzar nuestras empresas más que nunca.

Oxigenar a nuestras empresas nutre a nuestros empleados, de modo que ellos, a su vez, devuelven buenas vibraciones y fuerza a la conciencia colectiva de la organización. Sólo tenemos que catalizar y reanimar ese proceso cada vez que se estanque como si fuésemos respiradores mecánicos.

Cuanto más oxigenamos nuestra empresa, menos falta hacemos para que ella respire sola y coja fuerza.

Publicado por pinobethencourt

Leadership & Personal Growth since 2004.

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