¿Eres CEO? Prepárate para saltar a la “Nueva Normalidad”

¿Eres CEO o formas parte del comité de dirección de tu empresa? ¿Estás haciendo planes sobre cómo enfocar esta “Nueva Normalidad” en cuanto nos dejen salir?

Aquí te dejo algunos puntos importantes a comprobar antes de lanzarte a la aventura para maximizar tu rendimiento y los resultados de tu organización en un contexto que se presenta francamente complicado.

1. Temple y espera

Lo único que tenemos claro ahora mismo de esta Nueva Normalidad es que no acaba de arrancar. La tentación de muchos directivos es lanzarse a una actividad fervorosa para reconstruir todo lo que se ha roto durante el confinamiento, pero sería un gran error.

Lo más importante ahora mismo es saber esperar al momento oportuno para apretar un punto más el acelerador. Ni máxima velocidad ni espera total, sino más bien mucho temple, mucha observación y mucha reflexión antes de dar cada paso para no gastar recursos preciosos en sembrar productos o servicios durante una sequía que los mataría antes de verlos brotar.

En nuestra cultura empresarial hemos olvidado lo importante que es saber esperar al momento oportuno porque nos hemos dejado vender las bondades de la velocidad y los supuestos premios para el primero que llega. Los animales, sin embargo, entienden muy bien el valor crucial de saber esperar hasta vislumbrar las mejores condiciones para atacar a la presa más vulnerable con el mínimo esfuerzo.

De modo que no salgas corriendo de modo alocado y date unas semanas para palpar el terreno nuevo antes de formular tu estrategia de ataque. Una vez te pongas en marcha, vigila que tu velocidad es la adecuada con respecto a las reacciones del mercado y modúlala de modo acorde.

2. Ojo con los planes

El CEO que se lanza a diseñar y ejecutar un plan de acción post-pandemia corre el serio riesgo de equivocarse de cuajo en sus hipótesis de diseño. Por un lado tenemos muy poca visibilidad real y actualizada de lo que está ocurriendo en el mercado con nuestros clientes. Han estado metidos en casa, igual que nosotros, y tampoco tienen muy claro qué van a querer cuando se vean de nuevo en la oficina.

Tenemos que dedicar un tiempo inicial a hablar e interactuar con ellos para ver cómo se encuentran y cómo evolucionan sus planes, igual que haría un animal que vuelve a un emplazamiento conocido tras mucho tiempo. Vuelve despacio, observando cómo reacciona el entorno a cada paso que da, sin dar nada por hecho ni esperar encontrar lo que antes experimentó.

Es algo que siempre me hace gracia montando a caballo. Cuando salen a la pista se paran quietos si en el horizonte hay un árbol o un camión que ayer no estaba. Observan esos cambios lejanos como si les fuese la vida en ello, mientras que nosotros no nos enteramos de nada porque vamos pensando en nuestros planes y lo que vamos a hacer después. Hasta que no están seguros de que la nueva sombra no es un depredador no avanzan. Los animales siempre reaccionan a su entorno sin ideas preconcebidas.

Si lanzamos un plan prediseñado, o seguimos ciegamente la lista de tareas que nos hemos impuesto antes de salir a la calle, no podremos observar exactamente qué está pasando delante de nosotros y cuánto de lo que estamos haciendo funciona o no.

Es imprescindible darnos un tiempo para explorar, oler, detectar y razonar cómo los cambios que vemos impactarán a nuestro modelo de negocio. Entonces podremos diseñar un plan realista y actualizado con lo que la Nueva Normalidad ha supuesto para nuestro negocio.

3. Asumir las pérdidas ya

Muchos se lanzarán a hacer planes precisamente para intentar salvar estructuras que en el fondo probablemente ya están muertas. Además de las pérdidas ya generadas por el parón del confinamiento, seguirán gastando aún más recursos en un intento contra todo pronóstico de salvar o mantener algo que ya no tiene lugar en el escenario que empieza.

Esto es especialmente probable en comités de dirección que hace mucho que no se dicen las verdades a la cara. Porque en ellos es donde más vicio hay de tapar los problemas reales con patadas hacia adelante en forma de nuevos proyectos o inversiones. Con tal de no sufrir una reunión incómoda llena de silencios y malas noticias son capaces de endeudarse hasta donde les dejen para relanzar un negocio improbable.

Como le recomendé una vez a un cliente cuya empresa se estaba arrastrando penosamente las últimas millas, dejemos morir a este hijo para que pueda vivir el hijo que sí tiene probabilidades de sobrevivir. Quitémosle los pesos muertos y concentremos toda nuestra energía en él. Por mucho que nos duela tomar semejante decisión. De nuevo los animales son más capaces de realizar sacrificios así que nosotros, en parte porque no le temen al dolor.

Son tiempos para ser lo más conservador posible y asumir pérdidas cuanto antes. No esperar a ver si hay suerte y nos libramos, ni seguir aguantando pérdidas por si la cosa se da la vuelta.  Son momentos de duelo y de aceptación, lleve las horas que lleve de conversaciones incómodas y malas noticias en los comités de dirección.

4. Apoyar el duelo de quien lo necesita

Quien hace recortes complicados también tiene que dar a su organización el tiempo y el espacio para hacer duelo. Es típico lanzarse a un plan de actividad positivista para evitar pasar por las emociones negativas del duelo, pero es entonces cuando nos equivocamos totalmente en nuestros cálculos. Es mejor asegurarnos de que nuestros movimientos hacia el mercado no son huidas encubiertas de las malas noticias.

Las organizaciones necesitan más que nunca los espacios y los mensajes que apoyen a sus empleados en sus procesos de duelo. Si una empresa se ve obligada a despedir a una parte de la plantilla, los empleados que conservan su empleo se quedan tocados emocionalmente por la salida de sus compañeros.

Pequeños gestos como el minuto de silencio que se hace los supermercados de Mercadona a las 12h en recuerdo de los fallecidos por el coronavirus permiten que las personas que están tristes o desmotivadas se sientan apoyadas en su duelo. Son gestos que unen a quienes siguen trabajando y legitiman el derecho a llorar por los fallecidos.

Las organizaciones que generen espacios virtuales o presenciales para que los empleados puedan expresar sus penas, o incluso pongan en marcha alguna iniciativa de ayuda a los empleados despedidos, verán que la motivación y la tranquilidad de su gente mejora, creando espíritu de equipo y llegando a ilusionarse de nuevo una vez terminen el duelo.

Aquí también ayudan mucho todos los mensajes y gestos de apoyo del comité de dirección: si el CEO expresa su lamento por las familias de quienes han sido despedidos, por ejemplo, humaniza la situación y legitima las emociones dolidas de todos.

La tentación de lanzar una campaña de comunicación llena de mensajes de ilusión y “año nuevo, vida nueva” para levantar ánimos es muy mala idea porque anula el duelo, niega los sentimientos que tienen los trabajadores, y desconecta la voz de la empresa de su realidad. El CEO pierde fuerza porque sus palabras son percibidas como ficciones insensibles, y los empleados se resisten a jugar el juego.

Justo me he cruzado con un buen ejemplo de esto en la web corporativa de un banco que lucía el hashtag #TodoVaASalirBien. Es un mensaje que aliena y excluye a todos los que aún no han cobrado ni un duro del SEPE, a quienes han sufrido dramas terribles de enfermedad y muerte, y a todos aquellos que ven cómo sus empresas se hunden. Niega la realidad de gran parte de la población y se acerca más a la mentalidad de los influencers cabeza-hueca de Instagram. Aún es muy demasiado pronto para andar repitiendo cantinelas ilusorias porque queda bien.

5. Recordar nuestra fuerza

Por último, aunque quizás es el punto más importante de todos, el CEO y su comité de dirección van a tener que gestionas sus propias emociones con mucha más atención y destreza que en el pasado. Van a volver a una situación económica ruinosa, y esto les va a generar pánico, ansiedad, pérdida de confianza en sí mismos y en sus organizaciones, rabia contra los gobernantes que influyen en el mercado … van a estar un poco fuera de sí con tanta emoción intensa.

Si al leer esto sientes que no te pasa ninguna de estas cosas no te confíes, porque puedes estar en shock sin saberlo. Cuando las emociones son demasiado intensas el sistema nervioso autónomo congela o anestesia los excesos para que podamos seguir funcionando en un intento desesperado de sobrevivir. El resultado es que funcionamos hasta cierto punto en plan zombi, pero no nos enteramos de lo que estamos sintiendo y percibimos muy poco de lo que ocurre a nuestro alrededor.  

Por otro lado, no sentir todas estas emociones frente a  semejante drama económico delata que tenemos un problema de conexión con la realidad. Esta nueva normalidad es para tirarse por un puente, seamos claros. Lo sano y eficiente ahora mismo es sentir emociones complicadas en algunos momentos.

Frente a la tentación de medicarse (o distraerse con la adicción de turno) para no sentir nada, yo francamente aconsejo lo contrario. Estamos biológicamente diseñados para enfrentar y procesar estas emociones perfectamente si nos damos el espacio y nos dejamos entrenar un poco en cómo hacerlo.

Porque lo único que tenemos que hacer es expresar y soltar las emociones negativas hasta que volvamos a aterrizar, es decir, volvamos a sentirnos como los ejecutivos talentosos y trabajadores que sabemos que somos. Mientras estamos sintiendo miedo o rabia nuestro cerebro fabrica muchos pensamientos exagerados que no son reales. No podemos creernos nada de lo que estamos pensando cuando estamos moviendo una emoción negativa.

Pasadas unas horas o unos días volvemos a sentirnos mejor y constatamos que las cosas no están tan negras como las estábamos viendo. Este es nuestro estado aterrizado, con los pies en la tierra. Aquí es cuando recordamos que tenemos cualidades de sobra para hacer frente al reto.

Si eres CEO es porque conoces tu negocio mejor que nadie. Tienes todas las cualidades necesarias para resolver los retos que esta crisis ha puesto a los pies de tu organización. No necesitas que nadie venga a quitarte los miedos con fórmulas mágicas o positivismos despegados de la realidad.

Sólo necesitas recordar la fuerza que tienes. Recuerda quién eres y confía en que encontrarás las soluciones con calma y concentración en lo importante, como lo haría cualquier animal buscándose la vida en una jungla desconocida.

¡Abraza Lo Salvaje!

Publicado por pinobethencourt

Leadership & Personal Growth since 2004.

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