Fantasías de agradecimiento

Los aplausos de las ocho han puesto en primera línea la importancia de agradecer a los sanitarios y otros trabajadores esenciales su servicio durante la crisis del coronavirus. Las redes sociales están llenas de corazones y muestras de gratitud, pero no puedo evitar preguntarme cuánto es real y cuánto es impostado.

Nos dicen constantemente que debemos estar agradecidos por lo que tenemos si queremos ser felices, o dicho de otro modo, que si no somos felices es porque “sólo pensamos en lo que nos falta y no agradecemos todo lo que sí tenemos”. Los libros de auto-ayuda, espiritualidad New Age y hasta los fans de la neurociencia nos lo repiten por activa y por pasiva: agradece, agradece, agradece. ¿Quieres ser feliz? ¡Siente gratitud!

la gratitud es un camino

Como si sirviese de algo fingirlo. O como si llegar a la meta final fuese más importante que transitar el camino … porque sí, la gratitud es todo un camino. A veces largo, tedioso y lleno de frustraciones.

He aquí la gran trampa del agradecimiento: mientras aún nos queden asignaturas pendientes del pasado es muy difícil sentirlo profunda y verdaderamente. Lo que sí es fácil, sin embargo, es fantasear como cuando éramos niños y jugábamos a las casitas. Si tuviese que adivinar diría que más del 90% de las manifestaciones de agradecimiento que se vuelcan en redes sociales son fantaseadas, impostadas, o forzadas. Desgraciadamente el más engañado es el propio actor en cuestión, puesto que a nadie le importa su vida más que a él.  

Algo muy español

A mí me ocurre una cosa curiosa con los españoles desde siempre. Es lo que me hace sentirme extranjera, aunque sea medio española de nacimiento. Una vez estaba una vecina haciéndose fotos vestida de novia en el jardín de la comunidad antes de salir hacia la iglesia para casarse. Varias vecinas se asomaron a sus balcones a cotillear, y cuando la vieron empezaron a decirle lo guapa que estaba. Gritaban unas y otras “¡guapa!” con un derroche de amor francamente difícil de creer, dado el clima habitual de saludos monosilábicos que reinaba en nuestra comunidad de vecinos.

Es algo que encuentro profundamente español, aunque posiblemente se dé también en otras culturas latinas. Se producen unos derroches de amor colectivos que me resultan falsos hasta la médula. Los escucho y no siento nada, me resultan cursis, no me conmueven en absoluto. Durante muchos años me pregunté si el problema era yo, que era poco sensible o poco efusiva. Pero finalmente he llegado a la conclusión de que no, y os voy a explicar por qué.

si no resuena en el cuerpo …

Vi un ejemplo perfecto de lo que digo en un vídeo hace poco. Era un grupo de terapia liderado por una maestra espiritual australiana llamada Isha. Una mujer empezó a gimotear y lloriquear mientras contaba lo que le había hecho su madre. Cuando terminó Isha la miró y le dijo, “Tienes que aprender a dejar de actuar y fingir. Cuando ha hablado tu compañero he sentido su dolor en mi pecho. Pero a ti te escucho y no siento nada en mi cuerpo. Te engañas tú sola en una película que te montas.”

Fue una respuesta muy dura, pero esto es exactamente así. Cuando una persona habla desde un sentimiento verdadero nos contagia sin que podamos evitarlo. Nuestro cuerpo reverbera como la cuerda de una guitarra. Si hacemos más crecimiento personal y nos volvemos más sensibles nos resulta más fácil conectar y resonar con las emociones que expresan los demás. Pero aún sin haber hecho grandes esfuerzos de interiorización, el sentimiento auténtico nos conmueve espontáneamente, sin importar nuestra edad, sexo o país de origen.

… a lo mejor no es real

En España nos encanta hacer grandes grupos y pandillas y decirnos cosas bonitas. También nos encanta pelearnos por política, religión o fútbol. Pero luego siempre volvemos al pasteleo recargado de palabras dulces y cálidas. Es como un juego que siempre hemos jugado y no se nos ocurre dejar de jugarlo. Porque es cierto que sabe rico, como unas cañas al sol de invierno, o las largas noches de cotilleos que solíamos pegarnos en las terrazas de verano antes del coronavirus.

Un terapeuta me dijo una vez que las emociones se sienten en el cuerpo. Si no lo sentimos en algún lugar del cuerpo es posible que no sea real. Y es que a menudo nuestra mente fabrica una emoción falsa para tapar otra que no sabemos enfrentar. Podemos pasarnos décadas llorando, por ejemplo, porque no nos atrevemos a mirar ni liberar el volcán de furia contenida en nuestro interior.

la reina de las emociones fabricadas

De todas las emociones fabricadas para tapar una realidad inasumible, la alegría y la euforia se llevan la palma. Tanto que muchos caemos en adicciones en nuestro intento de agarrarnos a ellas. Y claro, bailar la fiesta colectiva de gratitud en un chat de whatsapp o una reunión de amigos nos genera unos colocones dignos de la más sofisticada de las drogas.

Y sería inocuo si no fuese porque nos impide llegar al agradecimiento definitivo, puro e irresistible que podríamos alcanzar si nos enfrentásemos a esas realidades menos agradecidas de nuestras vidas para liberarlas y soltarlas de una vez.

invirtamos el orden

Yo no niego que sentir agradecimiento nos haga muy felices. Lo que pongo muy en duda es que podamos forzar ese proceso como parece que lo estamos haciendo en nuestra búsqueda inhumana de la felicidad a cualquier precio. Es más bien al revés: cuando somos felices es cuando nos llena un agradecimiento espontáneo e imparable.  

Porque el agradecimiento llega solito una vez que hemos enfrentado todas las heridas olvidadas de nuestro pasado y hemos liberado todo el dolor emocional que nos produjeron. Entonces ya no hay que hacer nada porque uno se siente conmovido y emocionado sin poderlo evitar. La gratitud le rebosa por los poros y se le ve en la mirada antes de respirar siquiera.

en el mundo salvaje nadie finge

La gratitud no es un objetivo a cumplir, sino la meta final a la que llegaremos si somos generosos con nosotros mismos y prestamos atención a lo que sentimos en el cuerpo sin juzgarlo ni controlarlo.

Ningún otro animal del mundo finge emociones que no siente. Es la lógica de lo salvaje: si no es real, no da vida, y puede exponerte a la muerte porque ya no te estás enterando de lo que pasa delante de ti. Sólo nosotros fingimos sentir agradecimiento por mucho dolor que tengamos que evitar.

La próxima vez que te encuentres en un grupo repleto de halagos y muestras compulsivas de cariño pregúntate dónde lo sientes en el cuerpo. Si tu cuerpo no está resonando es que este grupo está jugando a las casitas de la felicidad como los niños. Y ahí ya decide tú qué quieres responder.  

Publicado por pinobethencourt

Leadership & Personal Growth since 2004.

2 comentarios sobre “Fantasías de agradecimiento

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