Valentía para vivir a ciegas

Tras varias semanas de confinamiento empiezan a multiplicarse los intentos de vislumbrar lo que viene. Encuentros empresariales, foros directivos, cumbres online. Vivimos en una sociedad que busca encumbrar a los visionarios, cuando a quienes habría que escuchar es precisamente a quienes no necesitan adivinar el futuro.

Porque adivinar tendencias no deja de ser un juego gratuito, ¿no? Nos reímos de quienes usan una baraja de Tarot o los posos del café para decirnos lo que nos va a ocurrir, pero por algún motivo tenemos muchísima fé en las ideas y ocurrencias de científicos, observadores de la estadística y la probabilidad, o de metereólogos y economistas, que predicen mucho y aciertan poco.

sólo cambia el foco de la mirada

En realidad lo único que cambia es el foco de la mirada: preferimos pensar que el mundo lo dirigen fuerzas esotéricas o divinas, o creemos más en el nuevo fanatismo científico. Digo fanatismo porque de verdad que me causa inquietud escuchar tantas veces al día las palabras “experto” y “científico” en boca de tantas figuras públicas con fines e intenciones tan dispares. Me recuerdan a un obseso repitiéndose compulsivamente algo a sí mismo como si así pudiese conseguir que se materialicen sus palabras.

Debo confesar que me encanta leer el tarot en fiestas y encuentros informales. Siempre explico que yo no leo el futuro y no creo en nadie que prometa verlo. He hablado ya con demasiados charlatanes de todo tipo de mundos, desde los más científicos hasta los más esotéricos. Incluso esos pocos seres extraños que viven más fuera de este mundo que dentro son incapaces de predecir cuándo ni cómo ocurrirá lo que perciben.

Y sinceramente me resultan igual de creíbles o increíbles que siete economistas, analistas financieros y empresarios anunciándome su verdad irrefutable sobre lo que va a pasar con el mundo. Aquí nadie tiene ni puta idea de lo que va a pasar, con perdón.  Lo único seguro es que todo va a cambiar.

la incertidumbre en las leyendas

Hemos olvidado cómo era la vida en tiempos de incertidumbre total, y por eso damos poca importancia a las historias y leyendas antiguas como el mito de la espada de Excalibur y el Rey Arturo. Muchos otros intentaron sacar la espada de la roca sabia y divina, pero sólo él lo consiguió. Hay piedras rituales usadas en la coronación de reyes en muchos lugares de Europa que tienen esa misma propiedad impredecible e inexplicable de discernimiento del “corazón puro”.

¿Alguien piensa en un corazón puro cuando mira a Pedro Sánchez o Pablo Iglesias? ¿O cualquiera de los demás líderes políticos y económicos que hemos puesto al mando de nuestros destinos? ¿Alguien reflexionó sobre la pureza de las intenciones del político al que votó? Claro que no. En nuestro mundo lo que importa es el poder mediático, los contactos y apoyos, y sobre todo la percepción creada con falsedades más o menos obvias del buen marketing.

quienes se juegan la vida a diario

A mí no me gustan los toros, pero hay que admirar la valentía de un hombre que se juega la vida frente a semejante animal un día sí y otro también. Así vemos el fervor religioso en ellos que no vemos en otras profesiones. Ellos encomiendan su vida a Dios cada vez que entran en una corrida, porque saben que no saben lo que va a pasar.

Es lo que podemos ver también entre los narcos en México y Latinoamérica, y su inquietante adoración a la Santa Muerte. Viven en un clima de tal violencia gratuita e imprevista que son muy conscientes de cómo todo puede acabar en cualquier momento.

Aunque no nos gusten los destinos elegidos por estas personas, no dejan de representar el tipo de valentía que los demás no somos capaces de encarnar. La valentía de vivir cada día en la más total incertidumbre. Los huevos de salir a trabajar cada día sabiendo que puede ser el último.

érase una vez un virus …

Y gracias a un virus tan ínfimo que no podemos verlo operar nos encontramos todos de repente ante un nivel de incertidumbre comparable a un narco o un torero. Aunque muchos aún no hayan entendido lo que está ocurriendo porque nuestros gobernantes nos mantienen encerrados en pequeñas burbujas hogareñas de estabilidad para evitar levantamientos histéricos.

No sabemos lo que vamos a encontrar cuando por fin salgamos de casa y volvamos a enfrentarnos a nuestra economía. No sabemos si está en la UCI luchando por respirar y mantenerse viva como los más veinte mil muertos que no lo consiguieron. No sabemos si será capaz de recuperarse, ni qué supondrá eso para cada uno.

lo que no necesitamos

Frente a una realidad de tal gravedad lo que más necesitamos no son videntes, charlatanes y expertos científicos tan seguros de sus propias predicciones que ni siquiera aceptan su error tras quedar de sobra demostrado. No necesitamos tertulianos que hablan para escuchar su propia voz ni supuestos cracks de los negocios que buscan cómo forrarse si aciertan la solución mágica los primeros. No.

Lo que necesitamos son tipos con agallas. Hombres y mujeres a quienes no les tiembla el pulso cuando toman una decisión sin tener información alguna que garantice sus resultados. Personas con la humildad suficiente como para admitir públicamente que no tienen ni puta idea de lo que está pasando y con los huevos de jugarse la vida con cada decisión. No su patrimonio, no su reputación, no. Su vida.

todo va a cambiar

Lo repito: Lo único seguro es que todo va a cambiar. Nada volverá a ser como era antes. Y por eso más que nunca lo que necesitamos es pureza de corazón, agallas y entrega desinteresada. En nuestros dirigentes y también en nosotros mismos. Los tenemos si los buscamos. A veces hace falta una crisis de órdago como esta para que dejemos de marear la perdiz, echar balones fuera y nos centremos de una vez en quiénes queremos ser.

Bienvenidos a una nueva realidad. Es momento de atrevernos a vivir a ciegas. Quizás sea lo más emocionante y corajudo que hayamos hecho nunca. Quizás nos demuestre que éramos y somos muchísimo más de lo que nos habíamos atrevido a imaginar.  

Publicado por pinobethencourt

Leadership & Personal Growth since 2004.

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