Permiso para estar mal

Hemos creado una sociedad en la que no hay derecho a estar mal casi nunca. Nos hemos subido al carro del optimismo y la hiper-actividad de tal forma que ya no sabemos siquiera cómo admitir que puede haber partes de nosotros que no están bien.

Antes de dirigirme al mundo de los caballos intenté desarrollar técnicas de formación en liderazgo con delfines. Visité varios lugares en los que se hacían cosas con delfines, tanto en libertad como en cautividad. En uno de los parques donde hice un curso de delfinoterapia me explicaron que tenían que tomar la temperatura y verificar las constantes críticas de todos los delfines todos los días. Su condición de animales salvajes en alerta constante hacía que no mostrasen síntoma alguno de estar enfermos hasta que estaban muy mal.

la fragilidad de la competencia constante

Y quizás esto es un poco lo que nos pasa en una cultura dominada por la competencia constante por recursos que consideramos escasos. No podemos mostrar debilidad ni vulnerabilidad por miedo a que alguien lo aproveche para sacarnos ventaja en nuestros juegos cotidianos de poder. Llevamos esta mentalidad de escasez y lucha tan metida en el fondo de nuestra programación mental que nos empeñamos en estar fuertes como sea, hasta que nos sea totalmente imposible seguir jugando al macho man.

Si algo ha logrado esta crisis del coronavirus es demostrarnos lo frágil que era todo nuestro tinglado vital. Porque el problema de la invulnerabilidad es que siempre es ilusoria. Como me dijo una vez un experto en seguridad, él tenía que pensar en todas las posibles puertas de entrada a su sistema, mientras que el caco sólo necesitaba encontrar una.

vivir fuera del toma y daca

Hace un par de meses yo me preguntaba cuál era mi lugar exactamente en una sociedad que pasaba ampliamente de hacer crecimiento personal. Rodeada de coaches que prometen el éxito, la felicidad y quién sabe qué más tonterías con tal de pagar sus facturas, yo me he negado a vender humo desde hace ya muchos años. Me salí de los juegos de toma y daca en los que unos ayudan a otros a ganar sus batallas con la expectativa de que luego éstos colaboren en las suyas. No es nada fácil ganarse la vida desde fuera de estos circuitos.

Cuando hablaba con mis amigos me reía, medio en serio y medio en broma, diciendo que prefería irme al campo a ordeñar vacas que volver a hacer trabajos en los que no creía sólo para mantenerme dentro de una sociedad que no tenía la valentía de mirarse al espejo. Siempre dije que en España preferíamos ir al bar a hablar de los problemas de los demás que quedarnos en casa a pensar en los nuestros, y así es difícil que uno llegue a contratar a un coach.

las limitaciones de la esperanza

Llevamos ya dos semanas de confinamiento y 7.000 muertos. Pero aún inundamos las redes sociales de muestras de optimismo y comentarios esperanzadores para mantener los ánimos arriba. Ahora nos parecemos más que nunca a los delfines en cautividad, manteniendo el tipo como sea por muy mal que estemos por dentro.

Y aunque todos entendemos el valor de la esperanza frente a los grandes retos, este empeño positivo puede jugar en nuestra contra cuando dichos retos se alargan en el tiempo. Cada vez cuesta más energía mantener la positividad, y haciéndolo nos vamos alejando sin quererlo ni saberlo de la realidad.

jodidos pero contentos”

Por eso quiero reivindicar hoy el derecho a estar mal. El derecho y la necesidad de hundirnos un rato de vez en cuando, cuando nadie nos está buscando, para poder procesar el duelo de lo que nos está pasando. Tenemos miedo de dejarnos caer en la tristeza o la negatividad porque tememos no poder salir de ella, pero esto sólo demuestra nuestra falta de experiencia con esto de “estar mal”. Las emociones siempre se consumen solas … siguen todas una ola parecida a la del coronavirus … la ola es un patrón típico de los fenómenos salvajes.

Otro amigo solía responder al típico comienzo de conversación, “¿qué tal?”, con un “jodido pero contento”. Es vasco. Su sentido del humor es similar al de mi lado irlandés. Yo durante mucho tiempo he contestado que “mejor que ayer y peor que mañana”. Son dos respuestas que siguen siendo optimistas sin negar la dureza de nuestras realidades. Son honestas con la adversidad, enfrentándola como oportunidad de crecimiento y superación. Y ponen muy difícil las contestaciones “pues yo fenomenal”.

el confinamiento quita poder a la mente y se lo da al cuerpo

No sabemos cuánto va a durar este confinamiento. Tampoco sabemos cuánto tiempo tardaremos en reconstruir nuestras economías una vez que podamos salir de casa. Ni siquiera sabemos qué modelos de negocio habrán desaparecido y cuáles tendrán posibilidades de prosperar en el nuevo mundo que empezará cuando volvamos a salir de casa.

Por eso es mucho más difícil engañar a nuestro lado más irracional con los mismos cuentos híper-activos e híper-positivos de siempre. Nuestros cuerpos siguen siendo animales mamíferos y salvajes. Razonan más como lo haría un perro o un caballo que como lo hace nuestra mente racional. Nuestros cuerpos saben perfectamente que este es el momento de expresar y procesar nuestros sentimientos aparcados.

un diseño perfecto para procesar dolor

Tenemos derecho a estar mal a ratos. El cuerpo está perfectamente diseñado para absorber dolores de todo tipo, y sabe cuánto podemos tolerar. Estamos equipados para procesar el dolor emocional en olas o en contracciones, como ocurre en los partos todos los días. Encerrados sin posibilidad de escaparnos de nuestras emociones, vienen un par de horas o un par de días malos, y luego un descanso de tranquilidad y dormir bien, y en cuanto hemos recuperado fuerzas vuelve a empezar el malestar.

belleza oculta en la tristeza

Es imposible apreciar la profundidad de lo que está ocurriendo si no nos permitimos sentir también la tristeza. Cuando ví el viernes la noticia del fallecimiento de Jesús Gayoso, el jefe del Grupo de Acción Rápida de la Guardia Civil, rompí a llorar. No lo conozco. No sabía nada de él hasta ese momento. Pero para mí Jesús Gayoso representa la nobleza de todas las personas que acuden a trabajar cada día sin protección contra un virus que puede matarlos.

Es lo mismo que conmovió cuando vi la serie de Chernobyl hace unos meses. Entre tanta tristeza y destrucción, hay coraje, valentía, entrega de la propia vida, la máxima generosidad. En la tristeza más profunda uno puede ver auténtica belleza. De esa que cuesta poner en palabras, y que resulta del todo imposible resumir en un hashtag.

serenidad y calma auténticas

Lo que necesitamos frente a esta crisis no es falsa esperanza ni positivismo negacionista de la realidad. No, por favor. Acabemos con las falsedades llenas de deseos improbables. Acabemos con los miedos a mirar la verdad de frente.

Lo que necesitamos es serenidad y calma frente a dificultades enormes. La única forma de llegar a esta serenidad auténtica es dándose permiso para estar mal a ratos. Tenemos que hacer muchos duelos. De momento tenemos más de 7.000 muertos a quienes dedicar un minuto de silencio cada día a las 12h, como ha propuesto alguien estos días. Y luego están todos los sueños de futuro que ya no podremos lograr. Todas las formas de ganarnos la vida que se han caído como castillos de naipes, con todos los problemas que esto implica.

de todo se sale en esta vida

Ahora siento que estoy exactamente donde tengo que estar. Ayudo a quien me lo pide con las sesiones de coaching gratis por Skype. Resulta que soy la alumna aventajada en esto de hacer duelos y darse permiso para estar mal.

Puedo garantizar por mi experiencia personal que de todas las desgracias se acaba saliendo antes o después. Sé de primera mano que uno sale reforzado, que crece más que los que no han sufrido, que llega a vivir con más profundidad y mucha más humanidad. Cuando uno se permite hacer sus duelos deja de intentar sobrevivir y empieza a vivir sin más. ¿Cómo sería una nueva sociedad en la que ya no estemos constantemente compitiendo entre nosotros para sobrevivir, y nos dediquemos a vivir sin más? ¿Habría bastante para todos?

A lo mejor ha llegado la hora de averiguarlo … empieza por darte permiso para estar mal. Y lo demás ya se verá.

Publicado por pinobethencourt

Leadership & Personal Growth since 2004.

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