Aprende a rendirte

Según pasan los días de confinamiento van apareciendo más y más artículos y consejos sobre cómo mantener una actitud positiva. El otro día una clienta de mis sesiones de coaching gratis por Skype me pedía “cómo neutralizar el miedo para seguir positiva”. Ayer una amiga ejecutiva me deseaba “paciencia, fortaleza y actitud positiva” por whatsapp. No sé qué contestarle.

La positividad es quizás la mayor adicción de nuestros tiempos. ¡Tanto es así que se la deseamos a todo el mundo! Está tan metida en nuestro modus operandi que deseamos feliz año a todos cada 31 de diciembre, feliz cumpleaños, feliz aniversario de bodas, feliz semana, feliz viernes … feliz todo. Lo repetimos como cacatúas, sin pensarlo, porque sí, porque queda bien, porque “hay que ser optimistas”.

nuestro love affair con la positividad

Y claro, ahora llega el coronavirus y nos jode el invento, hablando mal y pronto. Porque mantener nuestra positividad nos exige mucho esfuerzo diario de distracción, evasión y evitación de todo lo que pueda apartarnos este, nuestro love affair. Como siempre hemos vivido así, realmente no lo pensamos, ni admitimos que tanto hacer, correr y disfrutar nos está chupando la juventud a marchas forzadas.

Estamos dispuestos a seguir pagando un precio enorme por seguir in love con nuestro positivismo impostado. Tengo varias amigas que me sacan veinte años y llevan vidas muchísimo más ocupadas (y cansadas!) que yo. Me dan consejos de productividad y éxito cada vez que se me ocurre decirles que no, mi vida no es súper feliz ni súper exitosa. Y prefiero devolver la conversación a sus obstáculos al éxito si no quiero que me vuelvan loca dándome ideas que no quiero ni puedo aplicar.

mucho esfuerzo

Claro. Ellas están acostumbradas a aplicar mucho esfuerzo para tener éxito en sus diversos emprendimientos vitales. Es difícil dejar de jugar un juego cuando te va bien. Yo me salí porque nunca me salió bien. No es que yo sea más lista, es que la vida me llevó por otros caminos. Y me enseñó el valor de la rendición.

Cada vez que apliqué muchísimo esfuerzo en algo que no funcionó tuve que rendirme. Y sólo una vez que me había rendido, había llorado por mi fracaso, había sufrido por mi decepción conmigo misma y mi valía – o mi falta de ella -, es cuando empezaba a ver mi realidad con otros ojos: veía cómo antes había estado compensando mis carencias emocionales más profundas con esfuerzo. Como si hubiese estado bailando, corriendo, gastando y montando proyectos para que nadie se diese cuenta de que en el fondo yo no me creía merecedora del éxito que tanto buscaba.

atascados en la lucha con nosotros mismos

A la clienta que quería neutralizar su miedo y seguir positiva le expliqué que estaba atascada en un movimiento de lucha consigo misma. Ni acababa de entrar en el miedo ni lograba escaparse de él, porque ese miedo era más fuerte que ella. Su miedo tiraba de ella cada día, cada momento de silencio o de recogimiento, sin prisa y con la seguridad de un tsunami o un volcán. Nuestras emociones no necesitan hacer fuerza porque son la definición misma de la fuerza.

Y como ella no se atrevía a enfrentar ese miedo, ella sí tenía que hacer mucho esfuerzo para seguir positiva. La que se iba a cansar en este jueguito era ella. Antes o después. Y dadas las restricciones que nos impone el confinamiento, sería antes de lo esperado. El confinamiento le da más fuerza aún a esa parte de nosotros que no se cree nuestra propia máscara ni nuestros jueguitos de distracción. Ese lado salvaje, emocional, instintivo, honesto por definición, nos puede. Nos exige una rendición. Sólo entonces puede parar el combate. Sólo cuando nos rendimos ante esa emoción que tanto nos asusta, y nos dejamos bañar por ella unas horas o unos días – o el tiempo que necesite – es cuando se consume sola y se va para siempre.

la adicción más aceptada en 2020

Todas las adicciones esconden una emoción a la que no somos capaces de hacer frente. Todas las adicciones son el resultado de nuestra huida, nuestra resistencia a un dolor, un temor, un sentimiento de culpa, una rabieta antigua, potente, y más fuerte que nosotros por definición.

En cada época admitimos culturalmente unas adicciones y condenamos otras. Hace un par de generaciones la adicción al alcohol era tolerada y compartida por muchos. La adicción al sexo ha sido bien tolerada hasta que explotó el movimiento Metoo. Ahora las adicciones populares son el trabajo, el ejercicio físico y sobre todo la positividad. Tanto que presumimos constantemente de ella en instagram – aunque todos sabemos que lo que vemos ahí es pura ficción -.

Pero si algo requiere demasiado esfuerzo, significa que hay un fallo de planteamiento. El esfuerzo físico y mental están ahí para cuando todo lo demás falla, no para usarlos a todas horas para todo. Es como conducir con el freno de mano. Es un contrasentido que sólo empezamos a ver cuando empezamos a rendirnos y dejar que la vida nos lleve por donde nos iba a llevar de todas formas una vez nos cansásemos de protestar y dar la tabarra.

ríndete y empieza a descansar

De ahí que mi recomendación para todos los confinados del mundo sea la misma: ríndete, llora y chilla hasta que se te pase. Dedica tiempo a conectar con tus emociones y dales espacio para que salgan, se expresen y se auto-consuman. Así ya no tendrás que neutralizar nada. Estarás positivo y tranquilo sin intentarlo. Sin cansarte. Desde la rendición.  

Esto es abrazar lo salvaje.

Publicado por pinobethencourt

Leadership & Personal Growth since 2004.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: