¿Qué dice el coronavirus de ti?

El Coronavirus nos está retratando como sociedad y como individuos. Como suele ocurrir con muchas enfermedades, su irrupción nos enfrenta a las verdades más profundas de nosotros mismos que intentamos no mirar en el cotidiano. Las enfermedades son una llamada de atención imposible de ignorar que obliga a todos los miembros de una familia, o de una sociedad, a mirar aquello que estaban negando sin saberlo.

Uno de los canales que uso para seguir la actualidad es twitter. No porque sea fiable ni objetivo – que claramente es todo lo contrario – sino porque me transmite el tono general de las conversaciones. Desde que estalló el coronavirus he sido testigo de varios fenómenos que dicen mucho más de cómo somos nosotros que de cómo es él.

Primero la negación … Luego la rabia y el reparto de culpas …

Primero la negación, tan conocida invitada de cualquier anuncio de enfermedad. Es siempre la primera en llegar. Hace un mes nos reíamos del coronavirus o lo ignorábamos igual que hemos descartado el ébola o la crisis de refugiados o esas guerras lejanas que destruyen tantas vidas en lugares alejados de nuestra realidad cotidiana.

Luego la rabia y el reparto de culpas, tan típico también de todos los procesos de duelo frente a enfermedades mortales. Quizás el 90% de los tuits que leo son recriminaciones, declaraciones indignadas y linchamientos directos de este político o aquél pobre infeliz que viajó a algún lugar sin saber que contagiaría el virus a todo el que pasase por su lado. El coronavirus se convirtió en el enésimo arma de ataque en manos de los activistas, los políticos y los luchadores habituales de nuestra vida pública.

el miedo y los protagonistas

Simultáneamente, y quizás en directa proporción a esta rabia, el miedo. El miedo a la muerte de nuestros seres queridos más vulnerables, a la pérdida de bienestar económico, a la incertidumbre y a la dura realidad de nuestra vulnerabilidad como especie. Nos habíamos creído invulnerables con tanto avance tecnológico y llega la Naturaleza para darnos un mazazo que nos está dejando secos en pocas semanas. Y eso que aún debemos darle las gracias por la relativa suavidad del virus, que tiene una tasa de recuperación de más del 90%.

En paralelo aparecen los protagonistas necesitados de atención, que tuitean auténticas sandeces sobre cómo ellos proponen salvarnos a todos del mal. Cuanto más riesgo y más incertidumbre, menos auto-control: lo que antes se pensaban mucho ahora lo sueltan sin pudor. Los vemos, pues, en todo su apogeo y colorido y nos damos cuenta de esa vena oral que escondían detrás de su apariencia de éxito.

nuestras emociones y paranoias

También empiezan a despuntar los gestos espontáneos de ayuda y solidaridad. Varios empresarios han puesto sus hoteles a disposición de los sistemas sanitarios cuando son uno de los sectores económicos más castigados por la situación. Se crean trending topics emotivos y reconfortantes, o vemos ese maravilloso vídeo de la bandera italiana dibujada por aviones militares que animan al país a perseverar y vencer.

Se habla de bebés coronavirus y de divorcios por el mismo motivo, ahora que todos debemos quedarnos más en casa y evitar las distracciones exteriores que nos separaban de los nuestros. Otra forma más en la que el coronavirus nos obliga a dejar de hacer cosas que nos separan de nuestra realidad más íntima y personal. Según pasan las horas de encierro con nuestros seres más queridos empiezan a aflorar las emociones soterradas y los descontentos escondidos bajo la mesa durante tantas salidas familiares.  

Podría seguir con las teorías conspiratorias o las anécdotas hipocondríacas de todos aquellos que viven en el miedo permanente al ataque organizado por oscuros intereses ocultos. Lo bueno de este tipo de paranoias es que son inmunes a la realidad porque son imposibles de demostrar como ciertas o falsas. Así es como el miedo alimenta a la mente en su infinita imaginación creativa.

el mundo como espejo

Pero dicen los sabios espirituales que lo que nos ocurre en el mundo es un reflejo de lo que llevamos dentro. Que nos hacemos una idea de cómo es el mundo y nos empeñamos en hacer que la realidad se parezca a eso que tenemos en la cabeza que debe ser. Y que mientras nos obcecamos en este juego imposible sufrimos, nos esforzamos, nos cansamos y nos enfadamos con el mundo por no rendirse a nuestro propio poder individual.

El juego se acaba cuando cedemos y abandonamos estas falsas ideas imaginarias. Y según vamos abandonando todas nuestras concepciones preferidas sobre el mundo empezamos a enfrentarnos a todas las emociones imposibles que habíamos pretendido enterrar bajo nuestra construcción imaginaria. Y poco a poco nos vamos dando cuenta de lo perfecta que es la Naturaleza y lo hermosa que es la vida en sus dinámicas de reto, provocación, rendición y crecimiento.

fuerzas indomables de la Naturaleza

Las enfermedades son fuerzas indomables de la Naturaleza. Aunque nos endiosemos pensando que hemos erradicado y controlado a los virus y microbios de la historia, estos vuelven a tumbarnos al suelo cuando nos hemos confiado o cansado. El coronavirus nos está demostrando que nuestros mecanismos de control son insuficientes, y que no, no somos dioses invencibles capaces de erradicar a la misma muerte, como nos gustaba pensar.

Y lo único que uno puede hacer frente a una fuerza indomable de la Naturaleza es dejar de hacerse el gallito y rendirse: abrazar lo Salvaje. Quizás si nos ponemos al servicio de esta pandemia empecemos todos a actuar de modos que ayuden a que se consuma sola en lugar de seguir haciendo cosas que le dan más fuerza.

¿Cómo abrazamos lo Salvaje?

¿Y cómo abrazamos lo salvaje? El primer paso es preguntarnos precisamente por lo que nos hace sentir, y el segundo es darnos el tiempo y el espacio para soltar esos sentimientos. Rendirnos ante nuestra propia vulnerabilidad y aceptar que lo que pueda traernos esta enfermedad será una prueba de grandeza y de crecimiento como personas y como sociedad.

A lo mejor el coronavirus no es un enemigo a batir a toda costa, sino una aliada llegada para enseñarnos lo profundamente humanos que seguimos siendo, y lo bello que es un mundo tan lleno de tanta humanidad.

Como muestra, aquí el vídeo de inspiración creado en Italia: https://twitter.com/i/status/1238206572918161411

Publicado por pinobethencourt

Leadership & Personal Growth since 2004.

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