Relato de Evento 11/02/2020

Lo que se hizo y/o discutió.

Este evento tuvo poca acogida y decidimos trasladarlo a una cafetería cercana para hacerlo más lúdico e informal.

Hablamos de los problemas que más nos inquietaban y aportamos ideas, recomendaciones, informaciones y perspectivas para ayudar a cada uno a entender y enfocar mejor sus decisiones.

Y creo que este sencillo acto de hablar de la verdad nos hizo sentirnos mejor, más conectados entre nosotros, y más ligeros en nuestro andar.

Cómo yo lo viví.

Diría que viví la tarde con sorpresa y total rendición a lo que iba ocurriendo. Sabía que había pocas personas apuntadas y sabía que algunas de las apuntadas no llegarían a venir, pero llegué dispuesta a jugar con lo que me encontrase en la sala.

Cuando decidimos ir a tomar algo directamente me sentí liberada de mi responsabilidad, porque en una cafetería ya no me sentía responsable de guiar o de dirigir la conversación. Era una más, hablando de mis inquietudes y recibiendo la escucha, el apoyo y, lo más importante, el acompañamiento frente a mis retos vitales.

Aprendizajes y reflexiones.

  1. Hablar de la verdad.

Me impresiona lo difícil que resulta hablar de la verdad en nuestra sociedad. Hablamos de todo tipo de cosas irrelevantes e intrascendentes como para pasar el tiempo sin más. Incluso en un foro como es el Club Comprometidos resulta difícil conseguir que los participantes hablen de lo que de verdad les inquieta.

A mí también me ha costado mucho llegar a esta versión de mí de ahora en la que hablo de lo que realmente me inquieta con todo el que se interese por saberlo. Había un pudor, o una barrera interna infranqueable, entre lo que me dolía de verdad por dentro y lo que me sentía cómoda compartiendo con la gente ante mí.  Ahora reconozco con gran claridad la sensación de esa barrera interior y la división que yo sentía, como si yo estuviese detrás de la barrera y otra yo menos real estuviese delante, eligiendo palabras y formando oraciones que dirigir a la otra persona.

Creo que todos sentimos esta barrera interna de algún modo. A veces la barrera viene impuesta por las normas sociales y las expectativas de los demás a quienes no queremos defraudar. Otras veces esa barrera encierra los sentimientos y realidades personales que no somos aún capaces de formular en palabras. Son tormentas que aún nos atrapan y nos confunden, y por ello no sabemos cómo diluirlas o hacerlas presentables frente a otro.

Pero cuando somos capaces de contar nuestra verdad a quien tenemos delante y nos sentimos escuchados automáticamente nos sentimos un poco mejor. Crece una complicidad y empatía entre nosotros y quien nos escucha. Nos sentimos vistos como realmente somos, y no como intentábamos proyectar que somos.

Confieso que cada vez tengo menos paciencia para las conversaciones que no llegan nunca a tocar la verdad. Ayer conocí a un hombre que estuvo contándome aventuras ocurrentes durante cuarenta minutos seguidos sin hacerme una sola pregunta sobre quién era yo. Luego aparecía otra persona y le contaba la misma aventura original.

Este hombre estaba feliz contando aventuras que no tuviesen nada que ver con su realidad, y como no dejaba de hablar, nadie podía acercarse a él. Nadie podía verlo. Era un escondite perfecto y socialmente alabado, puesto que las cosas que contaba eran realmente divertidas y sorprendentes. Pero aunque compartió muchos datos personales con nosotros, nunca llegó a la verdad. Ni siquiera su mirada enfocó la mía en ningún momento. Sus ojos siempre miraban hacia otro lado.

Me siento poco inclinada a verlo de nuevo. Aunque me conmueve ver cuánta soledad rodea a un hombre que no tolera la cercanía de los demás. Y cuánto esfuerzo hace este hombre por parecer que está siempre muy bien acompañado.

  1. Plegarnos a los deseos de los demás.

Es curioso cuánto esfuerzo hacemos para entrar en los esquemas de los demás. La pareja, los socios de negocio, los amigos, los padres sobre todo, pero también los hijos supongo. Hacemos y decimos lo que esperamos que otros quieren de nosotros, y al hacerlo, dejamos de lado lo que queremos nosotros.

Quizás es un los principales dilemas de la vida humana. Nos pasamos la vida eligiendo entre ser nosotros mismos y ser lo que otros quieren que seamos. Requiere muchísima confianza y una enorme seguridad ser auténticos sin concesiones, porque claro, tememos el rechazo. Y para un animal mamífero la exclusión equivale a la muerte. Un mamífero no puede sobrevivir sin su manada en la Naturaleza salvaje.

Muchas de estas cesiones las hacemos desde hace tantos años que no nos damos cuenta. Confundimos los deseos de otros con los nuestros: nos casamos con la pareja que le gustaba más a nuestros padres, convencidos de que nos encantaba primero a nosotros, por ejemplo. O nos asociamos profesionalmente con alguien que quiere algo de nosotros que nosotros en realidad no queremos.  

Tardamos años y décadas en darnos cuenta de que lo que estamos viviendo o haciendo no era lo que hubiésemos elegido si nos hubiésemos sentido libres. Y de pronto recordamos todas las horas de esfuerzo y preocupación que hemos invertido para intentar entrar en los moldes que habíamos pactado materializar.

Aquí juegan un papel crítico las ausencias o las carencias de nuestros padres. De niños pequeños nos tomamos cualquier rechazo o falta de atención como un cuestionamiento personal o un insulto, y nos adaptamos o nos plegamos a otras formas de ser en el intento de superar ese vacío. Si nos hacemos más como quiere mamá, o destacamos en las cosas que le gustan a papá, entonces ya nunca nos faltará su cariño. Esa es la lógica infantil por la cual nuestro inconsciente fabrica versiones poco auténticas de nosotros mismos.

Y llegar al punto en el que nos permitimos hacer, decir y ser exactamente lo que nos da la gana a nosotros, requiere muchos años de crecimiento personal. Solamente si logramos hacer el duelo emocional por cada una de esas ausencias y faltas de atención parentales, podemos llegar a vivir con total autenticidad frente a todos con total seguridad: ¡A quien no le guste que no mire!

Publicado por pinobethencourt

Leadership & Personal Growth since 2004.

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