El mito del “Si quieres, ¡puedes!”

Hace veinte años me creí al 100% este mensaje tan manido por los conferenciantes motivacionales de que “si quieres, ¡puedes!”. Me esforcé a tope durante años, o décadas, y apliqué concienzudamente todos los conocimientos que fui aprendiendo en los MBAs y los cursos en los que invertí para seguir creciendo como ejecutiva y como empresaria. Nadie me preparó para los descalabros que vendrían después.

Por mucho que quise, no pude.

Por mucho que quise, no pude. Y cuando a finales de 2009 volví a casa de mis padres con una mano delante y otra detrás, hundida en la realización de que lo había perdido todo tras el fallo total de la empresa que monté – y que no me había casado ni tenido hijos -, concluí que, si querer era poder, entonces algún defecto gordísimo debía yo tener para haber acabado así.

Los diez años que siguieron a ese fatídico día me ayudaron a comprender que la vida no es igual para todos, y que no, el éxito no siempre depende de la cantidad de esfuerzo que le pongas. Ni siquiera depende de que desarrolles grandes cualidades o acumules valiosos conocimientos. Hay muchas personas muy esforzadas y valiosas que no tuvieron éxito, y hay muchas personas con éxito que no pueden presumir de grandes esfuerzos o valiosas cualidades. Los vemos todos los días en las noticias.

cantamañaneo motivacional

Esta semana me topé con un artículo típico de esta corriente de … no sé ni cómo llamarlo … cantamañaneo motivacional. El autor prometía el éxito a quien comprase su libro y se esforzase en perfeccionar las cinco habilidades (¿o siete? ¿Qué más da?) descritas para desarrollar don de gentes. Contesté en un tuit que este tipo de artículos me hacían reír. ¡Por suerte se lo tomó con humor!

Más me río aún si recuerdo que mi primer libro se llamaba “El éxito en seis cafés”. Al igual que el autor del artículo, yo en esa época seguía creyéndome el cuento de que había un manual o un método para lograr el éxito. En ese libro esbocé un método para hacer networking. Es el libro que más popularidad ha cosechado de los cuatro que he publicado. No hay nada que nos guste más en esta sociedad que una promesa de éxito asegurado.

Hace diez años yo aún no sabía lo mucho que no sabía

Hace diez años yo aún no sabía lo mucho que no sabía sobre los misterios del comportamiento humano y los secretos del caprichoso destino. Lo que yo descubrí sobre mí misma en esta etapa que suelo llamar, medio en broma medio en serio, “la iniciación del monje tibetano en versión Bridget Jones”, es que además de mi mente consciente había otra inteligencia operando en mí. Otra inteligencia que elegía socios de trabajo o situaciones en base a criterios poco o nada racionales. Esa inteligencia se oculta en lo que llamamos la mente inconsciente, y su lógica se parece más a la de un animal salvaje que a la nuestra. De ahí que mi mensaje actual sea “Abraza Lo Salvaje”.

Descubrí, por ejemplo, que yo tenía muchísima prisa en triunfar, y que tomé muchas decisiones cuestionables en el ritmo de inversión y crecimiento de mi empresa porque esas prisas me empujaban. Ahora sé que todas las prisas esconden un movimiento de huida: nuestro cuerpo y nuestra mente inconsciente sienten unas ganas irrefrenables de correr hacia adelante porque se están escapando de algo que no saben manejar. Algo que está dentro de nosotros, en ese fondo inconsciente lleno de emociones salvajes, y a veces, hasta volcánicas.

También acabé dándome cuenta de que la dinámica que yo creé en mi empresa sin saberlo y sin poderlo evitar fue exactamente la misma dinámica que había existido siempre en mi familia original: yo hice de madre comprensiva de todo el mundo mientras todos se aprovechaban de mis recursos y mis cuidados. Y cuando se me acabó el dinero me dieron de puntapiés en las espinillas y se quejaron con todo el que quiso escuchar de lo mala que yo había sido.

el enorme poder de lo salvaje dentro de nosotros mismos

Estas dinámicas que todos traemos impresas en la mente y en el cuerpo marcan nuestro comportamiento precisamente porque no las vemos y no las sentimos actuar. Las repetimos porque las aprendimos en casa de nuestros padres en los primeros años de vida, y por mucho que queramos resistirnos, nos arrastran con la fuerza de mil tsunamis. He ahí el enorme poder de lo salvaje dentro de nosotros mismos.

Cada uno tiene sus propias dinámicas esculpidas en la mente, y son los problemas, los errores y los disgustos cotidianos quienes nos dan las claves para empezar a identificarlas y disolverlas. Es como si estuviésemos programados sin saberlo, y en la medida en la que vemos que se repiten cierto tipo de resultados indeseados, empezamos a ver el patrón y a poder cambiarlo.

Frente a estas dinámicas del inconsciente no se puede ir por mucho que uno quiera.

Frente a estas dinámicas del inconsciente no se puede ir por mucho que uno quiera. Yo lo sé por propia experiencia, pero esta es una verdad profunda que sólo algunos nos atrevemos a admitir. Cuanto más profundo, y más antiguo, es el molde o la dinámica familiar que nos han impreso, más años o décadas requiere resolverlo. Lo malo de los fallos de nuestra infancia no es que nos hiciesen la infancia más dura, sino que nos formatearon para toda una vida más complicada que la de los demás. Lo que para unos es cuestión de quererlo, para nosotros resulta imposible por motivos invisibles.  

¿Quiere esto decir que es mejor rendirse de antemano? No, claro que no. Quiere decir que debemos aplicar el esfuerzo lógico, y luego debemos rendirnos ante los resultados para aprender de ellos lo que aún no sabemos de nosotros mismos. Aplicar un esfuerzo razonable y luego retirarnos para observar la jugada como lo haría cualquier deportista de élite. Y si podemos alguna vez contratar a un profesional que nos ayude a ver detalles que nosotros no vemos, mejor todavía.

tengamos éxito o no, es la inversión en crecimiento personal el que nos distingue claramente de nuestros iguales

La verdad de la que deberíamos estar hablando todo el rato en los foros de directivos y empresarios, pero no hablamos nunca, es que tengamos éxito o no, es la inversión en crecimiento personal el que nos distingue claramente de nuestros iguales. Deberíamos estar hablando de todos estos patrones y dinámicas inconscientes que nos arrastran,  de cómo hemos logrado hacernos más conscientes de ellos, de cómo hemos sobrevivido a emociones terribles, y de cómo es esta lucha de crecimiento y no otra la que nos ha convertido en personas dignas de admiración.

Seamos más ambiciosos. Aspiremos a ser héroes

En la foto de arriba he puesto la Piedra del Destino del Monte de Tara, donde coronaron a 142 Altos Reyes Celtas en Irlanda. En estos rituales de selección y coronación se buscaban corazones puros, capacidad de auto-sacrifico y servicio, veneración por la Naturaleza … se ensalzaba a los hombres que habían luchado contra sí mismos para reinventarse de nuevo. Y se ponían como ejemplo a quienes se habían atrevido a fracasar y perder con tal de crecer como personas.

Querer no es poder. Poder depende de muchas cosas que aún no sabemos sobre nosotros mismos y sobre la vida. Y si lo que uno quiere no es más que el éxito, no se atreverá nunca a hacer el camino que esculpe a un héroe.

Seamos más ambiciosos. Aspiremos a ser héroes, y dejemos de decir sandeces dignas de galletita china de la fortuna. ¡Abracemos lo salvaje!!

Publicado por pinobethencourt

Leadership & Personal Growth since 2004.

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