Abundancia: ¡Sólo para valientes!

Vivimos en un paradigma de escasez. Esto lo que significa es que estamos convencidos de que no habrá suficientes recursos para todos y por tanto tenemos que luchar para conseguir nuestro sueldo, nuestras ventas, nuestros ingresos y nuestras pensiones. Es una forma de vida en la que creemos, y por tanto, es lo que repetimos y es lo que vemos en el mundo al salir a trabajar cada mañana.

Hay algunas pocas personas privilegiadas que viven en un paradigma de abundancia. Para ellos, hay suficiente de todo y no es necesario luchar ni preocuparse, ni acaparar recursos ni ahorrar obsesivamente por si mañana nos quedamos sin dinero. Esta visión paradisíaca de la vida se presta fácilmente a la charlatanería, y por ello encontraremos ríos de tinta escritos sobre cómo encontrar o conseguir la abundancia en nuestras vidas.

Es mucho más fácil vivir como un esclavo

En mi experiencia llegar a la abundancia es una aventura de órdago. Es mucho más fácil vivir como un esclavo, trabajando en algo que no nos gusta demasiado y soportando a jefes y compañeros que no nos gustan nada, a cambio de la seguridad de recibir un sueldo cada fin de mes.  Así es como muchos pasan décadas de vida profesional hasta que llega su jubilación.

Bert Hellinger, el padre de las constelaciones familiares, decía que seguir sufriendo era más fácil que enfrentar la solución. Y esta es la clave que ninguno de los gurús de la abundancia nos explican con claridad. El obstáculo, o más bien, el camino de obstáculos que debemos traspasar para encontrar una vida de abundancia se compone de emociones negativas muy intensas. Tan intensas que podemos tardar años o décadas en resolverlas.

la acumulación de traumas en la infancia

El proceso que nos lleva a vivir en la sensación de escasez es la acumulación de traumas en la infancia. Los traumas no tienen  por qué ser aparatosos accidentes o graves episodios de violencia en guerras, por ejemplo. Un trauma se produce cuando el niño no es capaz de entender ni procesar emocionalmente una situación cotidiana.

Digo una situación cotidiana porque muchas cosas que pasan todos los días en las familias son interpretadas por la mente aún inmadura del niño como algo mucho más grave de lo que realmente es. Su mente inconsciente concluye que esa situación es mortífera y desencadena una reacción de shock, o de anestesia emocional, que salva al niño de sufrir en ese momento. Lo congela para más adelante.

Las situaciones que desencadenan estos traumas, o rupturas emocionales, tienen que ver con separaciones físicas de la madre, por ejemplo. Antes de que el niño entienda que su madre está bien aunque no la vea, o antes de que el niño sepa sentirse cómodo y seguro sin la presencia física de su madre, se generan estas rupturas emocionales en la mente y el cuerpo del niño. También tienen que ver con las ausencias del padre, por supuesto. Y con todas las cargas, preocupaciones y dificultades que retan a los padres en su vida de modo que no pueden dar al niño la atención justa y necesaria que requiere para un desarrollo emocional “ideal”.

Combates a muerte

En todos esos momentos en los que el sistema nervioso autónomo del bebé o el niño desencadena una reacción de shock, pensando que la muerte es un resultado probable, las emociones que quedan congeladas para más adelante son de una intensidad digna de un combate con la muerte.

Muchas de estas situaciones no son realmente de vida o muerte, pero la mente del niño de menos de siete años no entiende aún los tonos de gris de la realidad y reacciona como si el niño estuviese en un peligro mortal e inminente. Sus razonamientos son aún muy blancos y negros, incapaces de procesar los tonos de gris de nuestra vida moderna y urbanita.

Armaduras de emoción congelada

Cada trauma, cada ruptura emocional, cada vez que nuestro cuerpo congeló emociones terriblemente intensas de pérdida, rabia y agresión, pánico o culpa, quedó grabado en nuestro cuerpo una resistencia a fluir con la abundancia de la vida. Esas emociones insoportables se congelaron en forma de armaduras en los mismos tejidos que hubiéramos usado para expresarlas.

Y a partir de entonces nuestra mente consciente quedó programada para huir de esas emociones, evitar sentirlas en el cuerpo, y adaptar toda nuestra vida física, emocional y cognitiva alrededor de los nudos de emoción congelada. Es como si nuestra mente se saliese del cuerpo ligeramente para evitar sentirlo.

Nacemos, o somos concebidos en el paradigma de la abundancia

Nacemos, o somos concebidos en el paradigma de la abundancia, en el que mamá nos da lo que necesitamos en cada momento antes de que nos demos cuenta que nos hace falta. Luego la sucesión de situaciones cotidianas imperfectas que ocurren en todas las familias va generando armaduras y nudos de emoción congelada que nos impiden fluir, y nos impiden conectar con la abundancia con confianza. Cada trauma nos hace miedosos y sospechosos, nos condiciona para esperar lo peor, y para ver escasez y amenaza cuando miramos al mundo.

Cada pequeño trauma infantil que experimentamos nos rompe la confianza en que la vida nos va a cuidar y tratar bien. Y por ello recuperar la confianza en la abundancia requiere volver a resolver cada uno de los eventos que nos asustaron de muerte en nuestra niñez. Muchos de ellos tan olvidados como las emociones que nos generaron.

Cualquiera que haya hecho pinitos en el campo del crecimiento personal ya sabe lo complejo y largo que puede resultar resolver un trauma infantil. Es un camino de buscar sensaciones y enfrentar emociones a menudo invisibles. Las emociones van apareciendo en la medida en la que desarrollamos la habilidad de tolerarlas.

Las herramientas son el foco de atención, la respiración y el movimiento. No hay más. Ahora bien, modos de usar estas herramientas, enfoques, filosofías y técnicas las hay de todos los colores y estilos. Cada maestrillo tiene su librillo.

Hace un par de noches me desperté de un sueño …

Yo llevo diez años trabajando intensamente en las pequeñas y grandes rupturas que ocurrieron en mi infancia. Es lo que llamo “mi iniciación de monje tibetano en versión Bridget Jones” con humor. Y aún hoy sigo encontrando reacciones emocionales que quedaron congeladas en un momento muy primario de mi desarrollo. Cuanto más atrás vamos, más intangibles son las circunstancias y los eventos que intentamos entender y resolver.

Hace un par de noches me desperté de un sueño notando que mis brazos y piernas estaban apretados. Era como una armadura que rodeaba todo mi cuerpo justo por debajo de mi piel. Me dí cuenta de que mi mente intentaba resolver situaciones en el sueño sin contar con el cuerpo, el cual estaba atrapado en esa especie de armadura.

Solté el futuro para centrarme en el presente.

En ese momento enfoqué mi mente en la armadura y me obligué a soltar mis pensamientos resolutivos y sencillamente respirar hondo dirigiendo la respiración a todas las partes de mi cuerpo que estaban duras. Solté el futuro para centrarme en el presente. Y así es como empezaron a descongelarse sensaciones y emociones que habían quedado retenidas en mis piernas y brazos en forma de armadura subcutánea.

No deja de fascinarme la intensidad emocional que ha podido vivir oculta en mi cuerpo durante todas estas décadas hasta que he sido capaz de enfocarla, verla y empezar a soltarla.

Hace mucho tiempo que me solté de las esclavitudes del paradigma de la escasez, me salí de los circuitos del toma y daca que dominan nuestros mercados profesionales, nuestras asociaciones e incluso nuestras amistades. Aunque aún no puedo presumir de vivir en la abundancia sin esfuerzo y sin preocupación, sí estoy aprendiendo lo largo y complejo que es el camino desde la escasez hasta el paraíso de vivir sin intentar resolver el futuro.

La Diosa Epona, una yegua salvaje

Y por ello sigo animando a todos a intentarlo. A buscar la abundancia como si fuese una majestuosa yegua gigante que nos transporte sobre su lomo con diversión y éxito en nuestros emprendimientos. Los celtas adoraban a una yegua así, la llamaban la Diosa Epona. Quizás porque esa corriente de abundancia, o de providencia divina, suerte, buen karma – o como queramos llamarla – se comporta como una fuerza de la Naturaleza: imprevisible, indomable y salvaje.

Si quieres dejar atrás las esclavitudes y los tomas y dacas interesados, mi recomendación es que empieces a hacer crecimiento personal para resolver tu pasado. Y sobre todo que te abras a abrazar lo salvaje: todo lo que hace nuestro cuerpo sigue el comportamiento de un animal mamífero. Abrirte a no entenderlo, a no poderlo controlar y a no poderlo dominar a tu antojo es el comienzo de un camino de aventuras emocionales que te fascinarán tanto como a mí.

Es la puerta al camino de soluciones que traerán abundancia y despreocupación a tu vida. ¡Si te atreves a abrirla!

Publicado por pinobethencourt

Leadership & Personal Growth since 2004.

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